martes, 13 de diciembre de 2022

Gato sonriendo arriba de una árbol (o porqué no importa la dirección si no se tiene en cuenta el discernimiento, intención ni libertad)

"- ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.
- No me importa mucho el sitio... – dijo Alicia.
- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato."


En el solitario camino de Alicia, en el país de las maravillas, se encuentra en medio de su camino con un gato que plácidamente descansa en un árbol. Arriba con una visibilidad del bosque, el gato sonriente, ve a la perdida Alicia, e intenta orientala. Pero la falta de preguntas adecuadas hace que todo sea en vano.

Alicia había venido de seguir a un conejo blanco que lo único que hacía era mirar su reloj. Lo que no esperaba que su destino iba a ser una merienda de locos, o de perros jugando al poker, o en última instancia al "juicio" de la Reina de Corazones, donde fue el propio conejo blanco quién oficiaba de heraldo de la corte.

El caótico camino de Alicia fue alertado por Cheshire, el gato, quién le marcó la importancia de su deseo sobre el camino a tomar. Pero Alicia, ya sea por el contexto u ofuscación, no lo escuchó con atención.

La voluntad de Alicia, cómo facultad de decidir y ordenar su propia conducta, inicialmente fue motivada por la curiosidad, pero con el correr del tiempo se encontró con una Reina de Corazones muy parecida a Agatha Trunchbull de la película Matilda.

En 1907 Federico A. Gutiérrez escribió lo que al día de hoy representa una imagen sin muchos cambios, lastimosamente sus observaciones llegaron a oídos sordos.

Cheshire seguirá sonriendo (mucho más no puede hacer). Pues la entelequia abstracta que toma decisiones por Alicia no es más que un conjunto de cartas que se desmorona como una casa de naipes cuando Alicia se despierta de su caótico sueño, o cuando vuelve a su casa luego de una sin-sentida jornada laboral.

martes, 22 de noviembre de 2022

PERROS JUGANDO AL POKER (o porqué las designaciones en instituciones policiales carecen de legitimidad)

La CNA establece en su artículo 16 “(…) Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad (…)”, el cual según los últimos relevamientos es violentado 6 de cada 10 designaciones (los famosos “en carácter excepcional por incumplir los requisitos mínimos” que figura en el Boletín Oficial).

A su vez la DUDDHH establece en su art. 21 inc 2 “2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.”.

El ministro de seguridad accede a su cargo mediante el art. 99 inc. 7 de la CNA, pero vale destacar lo marcado en el art. 28 “Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio.”, dando una connotación clara a, por ejemplo, el art. 16 por sobre el 99.

A su vez el ministro de seguridad realiza la designación de los jefes policiales mediante el art. 99 inc. 1 y 7 de la CNA, y artículos propios de leyes de cada fuerza.

La organización en cada fuerza ya entra en una cuestión interna, aunque las designaciones son aprobadas.

El término “designación”, en su segunda acepción, hace referencia en la RAE a “Señalar o destinar a alguien o algo para determinado fin.”, mientras que “nombramiento” también en su segunda acepción a “Comunicación escrita en que se designa a alguien para un cargo u oficio.”.

Ambos verbos son comunalmente utilizados para el otorgamientos de cargos.

Los cargos internamente en las organizaciones policiales no cuentan con criterios mínimos para los mismos, y las áreas se arman y desarman sin pautas objetivas ni una predecibilidad, siendo la planificación algo imposible.

El desarrollo profesional y la libre determinación de la carrera según conocimientos, aptitudes y decisiones del individuo, deja de existir cuando aparecen los “destinos” “designados por la superioridad”, una suerte de entelequia abstracta (que como vimos no cumple con el orden jurídico, por los abogados denominado “justo”).

Tanto en la designación de ministros, cómo de personal policial, se incumple con los requisitos administrativos de fundamentar los actos, más allá de formalidades genéricas. No existe una rúbrica ni criterios que se vean plasmados en resoluciones públicas.

Ya desde la designación de los jefes de las instituciones se observa un envenenamiento del “árbol” institucional, donde la idoneidad para los cargos no es algo considerado. La afinidad parece ser el factor determinante.

¿Que motivaría al personal policial a formarse académicamente y a comprometerse en su función si no existen criterios objetivos de designación y caminos claros de RRHH en su carrera (movilidad, ascenso, etc)? La falta de seguridad jurídica transforma a las instituciones (que deberían ser robustas y de buena calidad institucional) en meros espacios donde un simple viento desmorona como una casa de naipes toda acción.

En pocas palabras la arbitrariedad manifiesta, da cuenta de que en las instituciones policiales en la Argentina, lejos de existir orden y justicia, existe arbitrariedad, y la democracia pasa a ser dedocracia (a las pruebas me remito ya que en estricto sentido de los verbos “designar” y “nombrar”, que en última instancia no es más que señalar).

martes, 30 de agosto de 2022

En las aristocracia no hay respeto sino sumisión

Se entiende al respeto cómo la "consideración de que algo es digno y debe ser tolerado", a la confianza como una cuestión reciproca. Pero cuando hay asimetría política, no existe respeto sino sumisión.

Cuando lo que prima es la aristocracia por frente a la democracia, cuando todo es la ley del gallinero, las gallinas de abajo no se van a preocupar, total su voz no vale nada.

A los gritos las gallinas de arriba dirán ¡No hay compromiso!, y no. Pues hay carreras distintas, objetivos distintos, trato distinto, respeto distinto: no, compromiso no hay porque respeto tampoco suele haber.

Los sellos de goma y la brutocracia

Hay que hacer una tarea administrativa urgente. Del área que lo piden lo necesitaran para el viernes de la semana que viene, a la máxima autoridad le dicen para el jueves, a el área inferior para el miércoles, a la de más abajo para el martes, a los de más más abajo para el lunes y a los giles para mañana.

Siempre a las apuradas, destruyendo cualquier planificación, organización y gestión de tareas.

A, B, C y D: cómo el caos genera improductividad

A me pide algo, le digo que mañana temprano lo hago. Pero A no le informa a B, que B mañana me dice que temprano hay que hacer tal cosa, al decirle que A me dijo de hacer algo me dice "no importa hace lo que te digo" entonces hago lo que me dice B, pero luego viene C y me dice ponete a hacer esto, entonces le digo que estoy haciendo lo que me dijo B y que tengo lo de A y me dice no importa.

Entonces me pongo a hacer C. En el medio recuerdo que tengo que hacer D porque estoy notificado, dejo de hacer C para hacer D, y viene A y me reclama, entonces le digo toda la secuencia, y me dice bueno pero hace A, me pongo a hacer A.

Resumen: no termino haciendo nada y tengo todo a medio hacer, porque no se coordina correctamente.

Oidos sordos

No hay sentido alguno en explicar algo cuando del otro lado hay oídos sordos. A oídos sordos, palabras mudas, o adulación tan empalagosa que produce diabetes.

En consecuencia la comunicación se transforma en una mera cuestión formal, lo mínimo y necesario. La información no fluye, los problemas se expanden, el caos reina.

Solo se requiere un poco de escucha activa.

martes, 5 de julio de 2022

Una pieza de ajedrez en la partida de terceros

De forma inconsulta (es decir sin importar si quiera el discernimiento, la intención y la voluntad de uno), pero con el paraguas del ius variandi -aunque bajo un régimen especial-, hoy estás acá, mañana allá. Terminas siendo una pieza en el ajedrez de un tercero.

No existe ni plan de carrera, ni toma de decisiones sobre el propio destino. Terminas siendo un mero peón, alfil, caballo, torre, dama o rey de un tercero.

Al menos las fichas tienen ciertos conjuntos de reglas (instituciones), y saben cuales son sus movimientos válidos. Pero los que juegan las partidas ni siquiera eso. Eso si, siempre "Al final de la partida, el rey y el peón van al mismo cajón".

Pues, entonces cuando llega el horario uno se disfraza de la ficha que "corresponde" cuando termina se va y vive su verdadero juego, que puede ser el Go, Las Damas o cualquier otro mucho más divertido.

Apresto

El abuso de la figura de "estado X" hace que se carezcan de horarios fijos laborales, lo que se traduce en una falta de descanso a...